Volvió a arder Caá Yarí
febrero 20, 2012 | En: Provinciales
El fuego latente aprovecha cualquier circunstancia para desatar su furia y ayer las brasas que dejó en Caá Yarí el voraz incendio de la semana anterior se reavivaron por el viento Norte para volver a consumir el monte.
La situación es alarmante y, aunque se consiguió una vez más controlar las llamas, el peligro se mantendrá hasta tanto llueva con profusión en la zona.
Los restos del incendio que consumió más de 300 hectáreas días atrás fueron suficientes para generar un nuevo episodio que puso a prueba el ingenio de los bomberos.
Es que grandes troncos caídos se transformaron en insalvables obstáculos para los vehículos, al tiempo que sus llamas se contagiaron a la vegetación circundante. Además, los frutos de los árboles estallan al quemarse y dispersan las chispas.
Un avión hidrante del Plan Nacional de Manejo del Fuego sobrevoló durante todo el día el lugar, aunque la principal batalla se libró desde el suelo.
Es que la magnitud de los árboles impide en buena parte de los sitios que el agua llegue hasta abajo, por lo que bomberos voluntarios de Leandro N. Alem debieron abrirse paso con machetes y hachas hasta donde fue posible.
“Lo que más nos complica es la falta de agua, no tenemos un arroyo ni una toma de la cual poder sacar para llenar los tanques”, explicó Rubén Yakovich, del Plan de Manejo provincial.
“No podemos entrar con vehículos, algunos troncos son grandes como una camioneta, es imposible sacarlos, no hay motosierra que entre ahí. Sólo podemos cavar alrededor y tirarles tierra, pero viene un viento fuerte y se prende todo de nuevo”, añadió.
De este modo, y dado que varias localidades de la provincia reportan a diario focos y que las características de la zona son desfavorables para sofocar definitivamente el fuego, recién cuando las lluvias se apiaden de Misiones -lo cual ocurriría desde mañana (ver página 3)- el peligro habrá pasado.
Ayer, uno de los aviones hidrantes continuó recorriendo Caá Yarí para enfriar los galpones circundantes y las áreas boscosas que aún no fueron alcanzadas por las llamas.
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