La familia del niño hallado ahorcado sospecha que el chico fue asesinado
diciembre 29, 2011 | En: Actualidad
Oberá: A pesar de que no hay sospechosos, sus padres adoptivos aseguran que él padecía un retraso madurativo y que “no sabía ni atarse los cordones, menos se va a colgar”. Aguardan el resultado de la autopsia.
“El 24 de diciembre fue su cumpleaños y estaba contento porque en la iglesia le dijeron que ese día nació Jesús. Estoy destruido, no entiendo por qué le hicieron esto a una criatura inocente. Hasta tengo ganas de matarme”, reconoció con los ojos vidriosos de lágrimas Carlos Acuña (60), el padrastro de Esteban Ezequiel, el nene de 9 años que el martes fue hallado muerto en un gallinero ubicado a 80 metros de su casa.
Si bien en principio desde la Unidad Regional II de Policía informaron que presumiblemente se habría quitado la vida con una soga, ayer la familia desestimó dicha posibilidad porque el chico padecía cierto grado de discapacidad y ni siquiera sabía atarse solo los cordones, por lo que especularon que menos podría haber atado la cuerda y hecho el nudo para ahorcarse.
Tampoco es un dato menor que “Tato”, como le decían sus familiares y amigos, fue hallado de rodillas con la cuerda al cuello, la que a su vez estaba atada a un tirante fino de madera situado a un 1,70 metro de altura.
“Primero que Tato era gordito y si se colgaba de ahí se hubiera quebrado el tirante. Aparte, cómo se va a ahorcar estando arrodillado. Es algo imposible”, reflexionó Acuña.
El chico residía con sus padrastros en una precaria vivienda de la villa El Progreso, ubicada en inmediaciones del barrio 53 Viviendas del Iprodha sobre la ruta Provincial 5 en esta localidad.
En diálogo con El Territorio, el padrastro aseguró que “Tato no se ahorcó. Alguien le hizo esto pero no entiendo por qué, si era una criatura que no tenía maldad y se daba con todos los vecinos”.
Entrada la tarde la familia aguardaba con ansiedad la llegada del cuerpo sin vida desde la ciudad de Posadas, donde fue trasladado por orden de la justicia para la autopsia de rigor.
Hijo del corazón
A diferencia de lo que informó la Policía en un primer momento, Esteban Ezequiel no era hijo biológico de Carlos Acuña ni de su esposa Felisa Candi (48), quienes ayer aclararon que criaron desde bebé al chico porque su madre no quiso tenerlo consigo.
“Un día llegó en casa temblando de débil y nos dijo que lo había tenido en el Hospital pero que no lo quería, entonces con mi señora le criamos como un hijo más y desde entonces vivió con nosotros”, señaló el hombre.
En tanto, explicó que Tato nunca fue a la escuela porque padecía un retraso madurativo y nunca tuvo DNI. “Le costaba hablar, mezclaba las palabras. Pero así era vivo, hacía los mandados y era mi compañerito…”, alcanzó a decir Acuña antes de volver a quebrarse.
Comentó que una vez hallado el cuerpo trataron de contactarse con mamá biológica del chico, quien residiría en Villa Cristen o Villa Martos de esta localidad. “Un conocido dice que habló con ella, pero le contestó que no tiene más nada que ver. Y que iba a venir si podía”, relató.
El cuerpo sin vida del chico fue encontrado el martes, alrededor de las 15.30, dentro de un gallinero con una soga amarrada al cuello y a un tirante del techo. Sólo vestía un pantalón corto y estaba arrodillado. Su padrastro contó que lo habían mandado a bañar al arroyo que pasa a pocos metros de la casa y está situado al lado del gallinero.
Recordó que “de paso le dije que traiga unos huevos para hacer fritos. Pasaron los minutos y no volvía, le llamamos y nada, entonces fuimos a ver y le encontramos muerto”. El padre trató de auxiliarlo pero nada puedo hacer, llamaron a la Policía y arribaron recién a las tres horas, señaló.
Su madrastra, en tanto, comentó que “tenía algunos golpes, pero eso era porque a veces se caía de la bicicleta porque andaba de acá para allá”.
Desde la Policía comentaron que no se descarta que el chico se haya ahorcado por accidente mientras jugaba, por la posición en la que lo encontraron.
De todas maneras, la autopsia puede ser la clave para saber qué sucedió.
Fuente: Daniel Villamea, El Territorio.
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